Los afectados denuncian un sistema de empleo intermitente que, desde hace más de una década, los deja sin ingresos cada vez que baja la producción. En esos períodos, muchos deben recurrir a changas o trabajos informales para sostener a sus familias.
Además, señalan una brecha salarial de hasta el
30% respecto del personal contratado directamente por ArreBeef, pese a realizar las mismas tareas. Mientras los empleados registrados continúan trabajando, las suspensiones recaen únicamente sobre los tercerizados.
En un comunicado interno, los operarios reclamaron estabilidad, mejores condiciones de seguridad y el fin de prácticas que, según sostienen, se aprovechan de la falta de alternativas laborales en la zona. “Que no jueguen con nuestro miedo ni con nuestras familias”, expresaron, y cerraron con una consigna que resume su malestar: “No somos trabajadores descartables”.