Buenos Aires (Canal 12, Misiones). La angustia se siente en el aire en Parque Patricios. A seis días del colapso del estacionamiento en el complejo Estación Buenos Aires, el operativo de la Policía de la Ciudad y los Bomberos de la Ciudad se convirtió para los vecinos en una instancia de alivio, pero también de profunda tristeza. Bajo la consigna de recuperar lo esencial, los habitantes tienen una ventana de tiempo agotadora: 15 minutos exactos para entrar, recoger lo que puedan cargar en sus manos y salir, sin ascensores y con la incertidumbre latente.
"No sabemos qué va a pasar después del miércoles"
Para muchas familias, la pesadilla no termina en la puerta de su casa. Actualmente alojados en el Hotel Regente, la cuenta regresiva para el miércoles —fecha límite de su reserva hotelera— acrecienta el desamparo. "Los nenes preguntan dónde vamos a dormir después", relata Yamila, una vecina que pudo ingresar brevemente a su departamento, solo para llevarse algo de comida en mal estado de la heladera. La falta de contención psicológica formal ha obligado a los propios vecinos a organizarse: una residente del complejo, que es psicóloga, ha tomado el rol de asistir a los más devastados.
La lucha por la supervivencia económica
Más allá de lo material, el futuro financiero es otro frente abierto. Si bien el Banco Ciudad comunicó una suspensión de 90 días en las cuotas hipotecarias y el administrador del edificio prometió un gasto de expensas "casi simbólico", la realidad diaria es agobiante. Los gastos imprevistos se multiplican: desde cocheras improvisadas para los vehículos que fueron rescatados, hasta la falta de suministros básicos.
Historias marcadas por la incertidumbre
El relato de Luis es el reflejo de la impotencia colectiva. A pesar de haber cumplido con toda la burocracia, se le negó el ingreso a su vivienda en planta baja por orden de la fiscalía ante el riesgo de un nuevo derrumbe. "Necesito sacar ropa de invierno y documentos; es lo que nos queda", cuenta mientras aguarda una respuesta que parece no llegar. Entre el ruido de los escombros y el miedo a que las paredes cedan, estos vecinos siguen esperando una solución definitiva mientras intentan rescatar, entre los restos de sus casas, los pedazos de su vida cotidiana.



