Misiones, Argentina — Miércoles 14 de octubre de 2026
Ángela Vilma Mencia recuerda con claridad el momento en que comprendió que su vida dependería de una máquina. Ella experimentó esto con la resistencia que cualquier paciente siente al iniciar la diálisis, y ya en tratamiento, sufrió dos amputaciones. Hoy, se refiere al equipo que la asiste con una palabra que reitera: agradecida.
La historia de Ángela se enmarca en un servicio que, al finalizar 2025, alcanzó un récord de más de 14 mil prácticas. Este servicio incorporó tecnología alemana de última generación y, con el apoyo de la Fundación Parque de la Salud y el Gobierno de Misiones, asegura la atención renal pública en la provincia.
“Yo creo que a cualquiera de los pacientes le cuesta mucho cuando empezamos a dializar”, relata Ángela. Aceptar que el cuerpo requiere asistencia externa para una función vital no es un proceso sencillo, sino una barrera emocional. “Nos queremos entender que después dependemos de una máquina”, explica, y luego señala el cambio que modificó su perspectiva: “después cuando vas con el tratamiento, vos ves que vas mejorando y te sentís mejor”.
Su situación es especialmente significativa. Las dos amputaciones ocurrieron después de que ella comenzara a dializarse, y las vivió dentro del hospital, rodeada del mismo equipo que hoy elogia. Este es un aspecto importante: detrás de cada sesión de hemodiálisis hay una trayectoria de vida que continúa, con sus dificultades y sus logros, y la labor del servicio es brindarle soporte.







