POSADAS-ENCARNACIÓN. La tarde de este último jueves se volvió un caos para quienes intentaban cruzar el Puente Internacional San Roque González de Santa Cruz. Alrededor de las 14:40, un grupo de aproximadamente 50 trabajadores de frontera, conocidos popularmente como "paseros", inició una medida de fuerza que mantiene bloqueado el ingreso y egreso a la zona primaria del lado paraguayo.
La protesta, encabezada por la referente Verónica Lugo, surgió de manera autoconvocada y se viralizó rápidamente a través de grupos de WhatsApp, alertando a los conductores que quedaron atrapados en las filas. El motivo del reclamo apunta directamente hacia el personal de la Aduana argentina: los manifestantes acusan a los funcionarios de ejercer maltratos verbales y hostigamiento durante las inspecciones de mercaderías en la cabecera de Posadas.
Tensión y demoras
En el lugar interviene actualmente el personal de la Base Naval paraguaya, ya que el conflicto se desarrolla en su jurisdicción, junto a efectivos policiales que intentan prevenir incidentes mayores. Mientras tanto, las filas de vehículos particulares y unidades de transporte de pasajeros no dejan de crecer, generando una parálisis casi total en uno de los pasos fronterizos más activos del país.
Se recomienda a los vecinos de Posadas y Garupá evitar la zona del centro de frontera hasta que se normalice la situación, ya que el corte es intermitente y no hay una hora clara de finalización de la medida. "Buscamos un trato digno en los controles", aseguran los manifestantes, mientras las autoridades navales intentan mediar para liberar el tránsito internacional.
Los manifestantes sostienen que los procedimientos de control han cruzado la línea del rigor administrativo para convertirse en situaciones de hostigamiento. "Pedimos respeto y un trato digno; somos trabajadores que llevamos el sustento a nuestras familias y nos encontramos con barreras que van más allá de lo legal", expresaron durante el bloqueo.
Tensión en la zona primaria
La situación escaló rápidamente cuando la medida de fuerza se trasladó al sector del lado paraguayo, donde el corte se volvió total. En ese punto, la jurisdicción pasó a manos de la Base Naval de Paraguay, cuyos efectivos intervinieron para intentar mediar en el conflicto y evitar incidentes mayores. Mientras tanto, del lado argentino, la Gendarmería Nacional y la Policía de Misiones mantienen un operativo preventivo ante la posibilidad de que la protesta se extienda o se replique en el ingreso al viaducto.
Este choque de versiones —entre la necesidad de control estatal para combatir el contrabando y el reclamo de los trabajadores informales por mayor flexibilidad y respeto— es lo que mantiene la frontera en un estado de alerta permanente.
Esta fricción constante entre la necesidad estatal de control y la realidad socioeconómica de los trabajadores informales ha generado una tensión sostenida. La falta de canales de diálogo efectivos y de soluciones estructurales que contemplen la reconversión de este sector solo profundiza el malestar, dejando la puerta abierta a que este tipo de bloqueos se conviertan en la moneda corriente de la frontera.
Antecedentes recientes: un problema que se repite
La historia reciente del viaducto internacional está marcada por las interrupciones. Este nuevo corte se suma a una serie de bloqueos registrados en los últimos días, donde el patrón se repite: horas de parálisis total, negociaciones tensas en plena calzada y un restablecimiento del tránsito que se siente más como una tregua temporal que como una solución definitiva.
Hasta el momento, los acuerdos logrados han sido superficiales, logrando liberar el paso pero sin tocar las demandas de fondo del sector. Esta repetición de medidas de fuerza refleja la enorme dificultad de las autoridades de ambos países para encontrar un equilibrio que garantice el orden fronterizo sin ignorar la compleja realidad de quienes encuentran en el puente su único medio de vida.
En los sectores comerciales de Posadas y Encarnación, la preocupación crece al ritmo de los bloqueos. La falta de previsibilidad es hoy el mayor enemigo de las inversiones y del desarrollo a largo plazo. Sin un flujo fronterizo garantizado, el turismo regional se resiente y el intercambio comercial se vuelve una apuesta de riesgo.
Sin soluciones a la vista
Mientras la tensión persiste sobre la calzada del viaducto, las autoridades de ambos países continúan monitoreando la situación de cerca, pero sin definiciones concretas que permitan desactivar el conflicto de raíz. Mientras no exista una mesa de diálogo que aborde las causas de fondo —el trato en los controles y la realidad de los trabajadores informales—, el puente seguirá siendo un escenario de incertidumbre.
Por ahora, la frontera permanece en un equilibrio frágil, donde la paz social depende de negociaciones minuto a minuto, dejando a miles de ciudadanos a la espera de una solución definitiva que devuelva la normalidad al paso internacional más importante de la región.







