"Nos complicaron la vida"
Juan, un trabajador de frontera, describió un escenario de máxima tensión. Según su testimonio, la implementación de computadoras directamente en los carriles de circulación permite un registro instantáneo de cada persona y su mercadería. "Ahora te piden el documento, te registran ahí mismo y te mandan a la oficina", explicó. La queja principal de los trabajadores es la arbitrariedad: aseguran que se les aplica una franquicia de apenas 50 dólares y cuestionan que el sistema de cobro sea transparente. "Esa plata no va a ARCA (ex AFIP), cobran lo que quieren", disparó el entrevistado.
El coletazo de la corrupción
Este endurecimiento no es casual. El Comandante Mayor Severo Emilio Haberkorn, jefe de la Región VI de Gendarmería, confirmó que existe una investigación federal de más de dos años sobre una estructura dedicada al cobro de sobornos para facilitar el contrabando. Aunque no hay detenidos, hay 40 funcionarios notificados y bajo investigación interna.
Para los paseros, esta "limpieza" institucional los ha dejado en el medio. Con diferencias de precios que permiten ganar hasta 10.000 pesos por un par de zapatillas o artículos de hogar, muchas familias posadeñas dependen exclusivamente de este flujo informal que hoy está bajo la lupa más estricta de la historia reciente.
¿Nuevos cortes a la vista?
Aunque por el momento no hay una fecha definida, los trabajadores de frontera no descartan volver a las medidas de fuerza. "Hace décadas que existe este trabajo y siempre se pudo hacer. Ahora, por el problema de la Aduana, se complicó todo", concluyeron. Mientras la Justicia Federal analiza teléfonos y computadoras secuestradas, el puente sigue siendo una olla a presión donde la supervivencia económica choca de frente con el intento de sanear las instituciones.







